Carnaval de Almiruete

Almiruete, España

botargas Almiruete 2-1950Muchas son las curiosidades que rodean la celebración del carnaval, pero quizá la que más llama la atención son las máscaras de las botargas, originalísimas, hechas a mano con los más variopintos materiales, pero generalmente sobre una base de cartón. Un buen ejemplo de ellas se puede admirar en el Museo de las Botargas y las Mascaritas de Almiruete, que como la visita a la localidad, en plena ruta de la Arquitectura Negra de Guadalajara, merece la pena, en cualquier momento del año. “Desde finales de verano, los almiruetenses pensamos en cómo y con qué fabricar nuestras máscaras, haciendo acopio de materiales, como raíces, palos, huesos de animales, pelo, o lo que a cada uno se le ocurre. Con esos elementos, siempre preferentemente naturales, hacemos la composición que a cada uno mejor nos parece”, explica Miguel Mata, delegado del Ayuntamiento en Almiruete y uno de los responsables de la recuperación de la tradición, en 1985. Para confeccionar cada máscara, los botargas tardan dos semanas.

A partir de las tres de la tarde, los botargas, al menos una veintena, se reunirán en un lugar secreto, que sólo ellos, y quienes les ayudan a vestirse, conocen de antemano. A nadie más le está permitido acercarse. Suele ser un lugar alejado del caserío, como alguna antigua taina para el ganado o algún refugio de pastor. En estos días terminan de dilucidarlo.

Su indumentaria y el calzado son muy concretos. Calzón y camisa blancos, abarcas en los pies, y una sarta de cencerros ensartados previamente en su cuerda, de cáñamo de doce milímetros, a la cintura, sin olvidar la faja y el gorro blanco ni, por supuesto, el garrote.

A eso de las 16 horas sonará el cuerno de toro para anunciar la inminente llegada de los botargas a las calles de Almiruete. Aparecerán entonces, procedentes de la montaña, por ese lugar indeterminado, del que ahora nadie quiere acordarse. Antes de entrar en el caserío, e igualmente en un punto secreto, se cubrirán la cara con la máscara o careta, para no ser reconocidos por nadie mientras dura el ritual.

Los botargas desfilarán por las calles de Almiruete de acuerdo con un recorrido establecido al que darán dos vueltas, siempre en sentido contrario al de las agujas del reloj, igual que lo hacen las borrascas invernales. En la segunda, recogerán a las mascaritas, versión femenina de los botargas -este año serán al menos quince-, que visten un atuendo completamente diferente, para una vez juntos y emparejados, dar dos vueltas más al pueblo. En la última, los botargas recogen las pelusas, de una planta especial que han recolectado previamente, y las mascaritas el confeti para soltar al viento y esparcir, como buena nueva y augurio de la ya incipiente primavera, entre los asistentes al acto. Ya en la plaza de Almiruete, botargas y mascaritas se descubren la cara y, tras ofrecer un trago de vino en bota a la concurrencia, darán comienzo a las carreras tras aquel el que ose robársela, hasta darle alcance. Además de botargas y mascaritas, este año está anunciada la presencia también de otros tres personajes del carnaval: el oso, la vaquilla y el domador.

El baile que se organiza a continuación, estará amenizado por los dulzaineros de Sigüenza, que nunca faltan a esta cita tradicional, a la que muchas veces acudieron, desde su recuperación, el gran José María Canfrán y su redoblante, Carlos Blasco. Habrá después una barbacoa, a partir de las 19 horas. Más tarde, tendrá lugar la recogida del somarro por parte de los botargas por todas las casas del pueblo. Y por la noche, todos juntos, botargas y mascaritas, cenarán en un lugar secreto.

Significado del carnaval

Una de las  interpretaciones que le dan los almiruetenses a su fiesta de carnaval es que se trata de un aviso sobre la necesidad de despertar del letargo invernal, porque llega la primavera. La naturaleza  se reinventa y comienzan a prosperar los sembrados, de los que dependen las futuras cosechas. Es necesario que retomar las tareas, sobre todo las agrícolas. Por otro lado, dicen que la fealdad de las máscaras y el ruido de los cencerros ahuyentan los malos espíritus, que podían afectar negativamente el desarrollo de la vida cotidiana de personas y animales. Además, hay quien ve en ello un homenaje al oficio y vida de los pastores.

Para los que han vivido en el pueblo una vida pobre, el carnaval está cargado de sentimientos, porque representa la forma de vida de quienes les precedieron, que sus herederos tienen la obligación de preservar con cariño, respeto y admiración hacia ellos.

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