Paloma Gómez Borrero le puso voz a Santa Teresa en el Palacio Ducal

  • Junto al pianista Antonio López y al barítono Luis Santana, interpretó anoche el recital ‘Teresa. Una castellana vieja y recia’

Palomagomezborreroenpastrana1La de ayer fue la segunda visita a Pastrana de Paloma Gómez Borrero. La periodista, primera corresponsal femenina de Television Española en el extranjero, le puso voz a Santa Teresa de Jesús, magistralmente acompañada por el pianista cordobés Antonio López y por el barítono zamorano Luis Santana.

A partir de las nueve de la noche, el Palacio Ducal acogió el espectáculo ‘Teresa. Una castellana vieja y recia’, con el que el terceto ha recorrido ya, en este Año Teresiano con el que se conmemora el quinto centenario del nacimiento de la doctora de la Iglesia, más de cincuenta escenarios por toda España.

Paloma Gómez encontró la ciudad “limpísima” y “magníficamente conservada”. “Parece como si Ana de Mendoza, la princesa de Eboli, fuera a aparecer en cualquier momento por cualquiera de los rincones de la Plaza de la Hora”, decía ayer.

Después de salir de misa en la colegiata, camino de su actuación, recordaba, mientras la gente la reconocía por la calle y la saludaba, la historia de Pastrana, aprendida en el colegio y la universidad, y también la tumultuosa relación entre Santa Teresa y la princesa de Eboli, “dos mujeres de gran personalidad que no quisieron dejarse dominar la una por la otra”. Por eso, recitar en un lugar que escuchó sus disputas, cargadas de sentimiento, y “en el que probablemente Santa Teresa no fue feliz, me produce gran emoción”, decía poco antes de comenzar.

Paloma Gómez Borrero profesa un cariño especial tanto por la trayectoria espiritual de la doctora de la Iglesia como por su literatura. “Santa Teresa es una mujer que nos enseña a caminar al resto de las mujeres, a ser valientes, a no ceder ante los prejuicios, a creer en nuestras ideas y a defenderlas hasta el final. Es una mujer de ayer, pero también lo es de hoy, y de siempre”.

Sobre ‘Teresa. Una castellana vieja y recia’, la periodista recordaba que surgió como una idea del pianista Antonio López, “un músico de una calidad humana y profesional excepcionales”. Luis Santana y el propio Antonio diseñaron un espectáculo que inicialmente iban a representar únicamente en Avila y Alba de Tormes. “Me decidí a hacerlo sólo cuando el tenor Pedro Lavirgen, amigo de López, nos escuchó y nos dio sus parabienes”, recuerda Gómez Borrero.

La calidad del espectáculo ha trascendido mucho más allá de los dos recitales inicialmente previstos. Tanto, que incluso han grabado recientemente un disco que verá la luz próximamente. La periodista recita poemas de la abulense, prologados o extendidos por la maravillosa voz de Santana, y siempre acomodados por las notas de piano de López. Las músicas, variopintas, incluyen un villancico, aparecido en una biblioteca de Florencia, para el que el pianista compuso una pastorela.

Gómez Borrero habló también en el recital de su querido papa, Juan Pablo II, a quien siguió por todo el mundo en más de cien viajes oficiales durante su pontificado como corresponsal en Roma. “La humanidad y la ternura de este hombre, polaco montañero, eran infinitas. La primera de las anécdotas que cuento está centrada en Jerusalén, donde después de muchos años, se reencontró, ya abuela, con una niña a la que él había ayudado, después de lograr sobrevivir al campo de exterminio de Auschwitz. El encuentro fue muy emotivo, y su relato da una idea de cómo era el papa”, explica la periodista. La otra anécdota que contó en el recital de ayer está vinculada a Teresa de Cepeda. “Juan Pablo II quiso ser carmelita. En 1982, cuando el pontífice viajó por primera vez a España, hizo un viaje entre Avila y Alba de Tormes. Entonces nos contó lo mucho que quería a España, a Teresa de Jesús, y también lo que esperaba de los jóvenes”.

La naturaleza de la de ayer, segunda visita de Paloma Gómez Borrero a Pastrana, fue bien distinta a la primera. “En aquella ocasión vine porque me escribió una monja de clausura en el Convento de San José, que estaba muy enferma. Yo era aún corresponsal de Televisión Española en Roma. En su carta me decía que su mayor ilusión, antes de morir, era conocerme y que yo le hablara del papa Juan Pablo II”, recordaba.

Paloma Gómez Borrero vino Pastrana a saludar a aquella religiosa. “Recuerdo la visita a su convento, donde conservaban objetos preciosos, como un crucifijo de marfil bellísimo. Entramos al refectorio, y también a su lugar de trabajo, donde me regaló un pañuelo, bordado por ella, que conservo aún con mucho cariño”. Monja y corresponsal mantuvieron una larga relación epistolar, puesto que la salud de la religiosa mejoró.

 

 

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